Vocación

(Finalista en el concurso Cuenta 140)


En escena, la acróbata vaginal aprieta el lápiz y escribe un hermosísimo poema. El público aplaude su talento. Nadie lee sus versos.

Todo esto está a tu alcance.


    Hace meses la ve al lado de la chimenea: es una mujer espigada, ante una luz intensa, con el pelo rojo, con estriadas alas de libélula. A veces, cuando se mueve, vislumbra entre las telas algunas sombras detrás: ha creído reconocer a su mujer, a su bendita madre, incluso al amigo del bar, con su sempiterno periódico bajo el brazo. Pero tiene miedo de ir a su encuentro.

    La mujer utiliza cualquier artimaña para llamarle. Susurra, cacarea, ulula, hay días en los que se impacienta y golpetea con el pie la tarima, otros llega a enfurecerse y le arroja pequeñas cuentas de río. Puede soplar un matasuegras, bailar con un sombrero raro al tiempo que arroja confetis y deshilacha serpentinas, o arrastrarse silbando como serpiente de campo. Esta mañana se entristeció ante su enésima negativa y se puso a sollozar como una chiquilla. Y ayer fue aún peor:  musitando "Ven ven, ven con nosotros, deja ya de sufrir", la mujer se despojó de su túnica y separó las piernas ofreciéndole su sexo abierto como ciruela mordida. 

    Sus promesas de un mundo mejor son tentadoras: le enseña atardeceres ambarinos, le ofrece uvas y martini, le sopla con frescor de brisa de menta o extiende amorosa ante la chimenea una mullida manta de pelo, según sienta calor o frío. "Todo esto está a tu alcance", le anima. Las fuerzas de él comienzan a flaquear. Un día se levanta del sillón y, mientras está entretenida desentonando La traviata, se le encamina despacio con una mueca de derrota y simplemente le tiende la mano. Cruzan. Ella le besa dulcemente en los labios y se desvanece.

    Al otro lado escucha un grito y siente la mano de su propia mujer apretando con fuerza la suya. Abre los ojos aturdido, la ve al pie de su cama de hospital y le cuesta reconocerla, tan desfigurado tiene el rostro por la mezcla de risa histérica y torrente de lágrimas. Se oye, alta y multiplicada, la palabra “enfermera”.

    Por fin ha salido del coma.



De brisa.

Ilustración de Mariana Massarani

Nuestra maestra de primaria estaba hecha de brisa. Y cuando nos contaba un cuento, los niños nos mecíamos como juncos del río.

La jaula.

Ilustración de Mario Segovia


Con cuidado extremo, borró los barrotes. El ruiseñor salió volando del dibujo, se posó en la estantería y le regaló su mejor trino antes de escapar por la ventana.

Micromitos I


- ¡Muchas gracias, mi amor!- le dice Teseo a Ariadna, escondiendo papel y lápiz en el bolsillo para hacerse luego su planito...

Un deseo.


Tiró la moneda al pozo y pensó: "Quiero, ser mayor". La moneda volvió envuelta en un papelito que decía: Tu deseo no vale. Sobra una coma.

Minimiedades. Internacional Microcuentista.


Internacional Microcuentista es una de las mejores (sino la mejor) revistas de la red dedicada al género mínimo. Si os gustan los micros, los nanorrelatos o cualquier tipo de brevedades no deberíais perdérosla.
Esta semana me han hecho el honor de publicar uno de mis micros.¡ Parece que los extraterrestres se me dan bien, y eso que jamás vi ninguno!
Muy ilusionada os invito a que deis un paseo por la revista, y como no, a que leáis mi mínimo. Es tan mínimo, que tardáis más en pinchar que en leerlo AQUÍ. EXTRATERRESTRES. ¡Espero que os guste! 

Marina.



Es medianoche. Llaman a la puerta del viejo farero. Es una sirena que, con ojos implorantes, le extiende papel y lápiz. Y luego un cuento de Andersen que rescató del último naufragio, al que le faltan las páginas finales.