En el blog https://elbicnaranja.wordpress.com/ nos proponen una imagen estimulante todos los viernes como disparador de una historia. Ayer por fin llegué a tiempo y me apunté a la iniciativa, escribiendo este micro a partir de una evocadora imagen de Arthur Tress.
DE LA NOSTALGIA Y DEL VIENTO.
Tan solo soltó su mano un instante, pero su hijo era tan pequeño y frágil que el vendaval lo llevó.
Ahora debe salir al porche, como los demás padres, para verlos cruzar en bandada cuando se levanta el cierzo. Algunos muchachos todavía gritan. Otros, apáticos, se dejan mecer por la brisa. Adrián ya doma las ráfagas y revolotea sonriendo tras unas chiquillas que piruetean a lomos de algún torbellino rebelde. A veces es verdad que aún lo busca. Se para y aterriza en el zaguán unos instantes, pero parece un pájaro extraño y el padre prefiere meterse de nuevo, en su casa arrasada por el viento que se llevó las infancias, para seguir recordando a su niñito perdido. Y aunque sospecha que Adrián permanece un rato al otro lado de la pared, escuchando sus pasos y echándolo de menos, insiste en pasear su tristeza sobre los escombros de juguetes esparcidos, la vieja enciclopedia de dinosaurios y las partituras de piano abandonadas, mientras jura y perjura que (si Dios tiene a bien darle otro) al próximo lo agarrará más fuerte. Más tiempo. Más.




