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Amor, de Mani Annie
Con la edad se encoge, dicen. Y los viejitos usaban ya diez tallas menos. Por comodidad, fueron cambiando la vajilla de la boda por otra con platillos y cubiertos de té. El colchón por una esponja. La mesa por un dado de parchís. Con el transcurrir feliz de muchos años juntos no tuvieron más remedio que mudarse. Pero no a un dedal ni a una cajita de cerillas, sino a una casa más grande.
En aquella no cabía tanto amor.
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Como algunos sabéis, ayer mi relato "El desafío" fue elegido como finalista mensual en REC. Quería agradeceros de corazón vuestro apoyo y confianza a los que me animasteis, pero no me gustan las entradas puramente informativas. Así que aprovecho para subir este pequeñito, nacido con la única pretensión de resultar un tanto tierno, que ha elegido MUNDO ESCRITURA con otros 40 mínimos que, en 80 palabras, pretendían reivindicar el mundo de las "cosas pequeñas".
Se lo dedico a todos los abuelos que siguen queriéndose después de muchos años ¡ea! Muchísimas gracias, de verdad.
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—¡Eh, D. Quijote, asesino! –bramó el caballero, preparándose para el combate.
—Jamás maté —protestó nuestro hidalgo—, en lo que hasta aquí recuerdo.
—¡Ridículo espantajo! He visto cómo venerabáis a una altiva dama que ni conocéis. Yo en cambio entregué mi alma a quien siendo más pobre en hacienda al menos poseyó reales virtudes, y también quise disponer mi corazón a su servicio y envejecer a su vera, sin ambición de mayor ventura ni aventura que pasear de su mano por este hermoso valle de Alcudia. ¡Y habéis matado despiadadamente a la única razón de mi existencia!
En vano negó el de la Mancha: el furioso caballero lo acometía una vez y otra hasta que, arrojándolo a tierra, lo tuvo a merced de su lanza.
–Y ahora, endiablado bellaco… ¿queréis que dé fin a vuestra vida, o estáis dispuesto a devolverle la suya al amor de la mía?
–Os digo que no maté —murmuró el maltrecho—. Y que devolver una vida solo ha de estar al alcance de Dios.
–Pues dudo si es más ardua mi empresa, que persigo que, por amor a su dama, D. Quijote renuncie definitivamente a su sueño —el caballero alzó la visera del yelmo, descubriéndole así por sorpresa el adorado rostro de la sin par Dulcinea–. Devolvedme a mi amor o morid —repitió temblorosa—. Mientras vuestra merced me idolatra, hace tiempo suspiro por D. Alonso Quijano.
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Este cuentito, con un título más breve, llegó a finalista en "Algún lugar de la Mancha", el concurso organizado por la Asociación para el Desarrollo Sostenible del Valle de Alcudia. Hay más relatos quijotescos AQUÍ.
Aprovecho la entrada para pediros disculpas por un silencio tan prolongado, y los posibles pequeños proyectos que abandoné durante este tiempo. Las circunstancias de la vida, por llamarlas de alguna manera, me han mantenido alejada de la red, de la escritura y puede que hasta del mundo. Pero poquito a poco voy recuperando algunas cosas que me gustaban, como los micros, y espero que me acompañen los ánimos y las musas para actualizar más a menudo. Un abrazo a todos. Os debo mil visitas.